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Playas recibe a familias guayaquileñas tras meses de confinamiento por la pandemia
El balneario General Villamil registró la llegada de visitantes que buscan recuperar la tranquilidad y disfrutar del mar después de más de un año de restricciones sanitarias.
La tarde del 1 de noviembre de 2021 marcó el regreso de la calma a las arenas del cantón Playas. Familias guayaquileñas comenzaron a ocupar los espacios del balneario General Villamil, buscando aliviar el estrés acumulado durante más de un año y medio de cuarentena y confinamiento. La llegada de estos visitantes representa una reactivación paulatina del turismo local, donde el mar y la brisa se convirtieron en el principal remedio para la salud mental de los habitantes de Guayaquil.
Xavier Vera, residente de la ciudad, compartió su experiencia con sus hijos y sobrinos bajo una sombrilla. El padre de familia destacó que la pandemia había obligado a extremar cuidados y a perderse la conexión directa con la naturaleza. Para él, recuperar los paseos al mar es como volver a caminar; un acto de esperanza y relajación que ahora disfruta junto a su esposa y cuñado, quienes se hospedan en un hotel cercano al malecón del cantón.
En la orilla, la actividad también se notaba en otros sectores. Tyrone Silva, acompañado por su hijo Diego, aprovechaba sus últimas horas antes de regresar a casa. Ambos construían torres de arena mientras recordaban que esta era su primera salida fuera de Guayaquil con su familia tras los meses más duros del brote sanitario. La mayoría de los visitantes mencionados ya contaban con inmunización contra el virus, una medida que les permitió sentirse seguros al interactuar en espacios abiertos.
La seguridad y el orden fueron aspectos resaltados por los propios turistas. Guillermo Castro Aguilera, quien viajó desde el recinto Coloradal del cantón Palestina, elogió la presencia de rondas militares que aseguraban el cumplimiento de las normas sanitarias. Esta vigilancia permitió a comerciantes y alquiladores de carpetas operar con mayor tranquilidad, ofreciendo servicios entre 6 y 20 dólares, mientras los visitantes disfrutaban de langosta y camarones frente al mar.